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SABINA ODONE

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Olivia García

El pasado sábado 3 de octubre tuvimos la oportunidad de asistir a la presentación de Sabina Odone en el Estudio Diana, donde la cantante chilena radicada en Ciudad de México presentó “Spumante Rosé”, una propuesta que va mucho más allá de un concierto convencional.


Desde el flyer de esta gira ya se podía percibir el dramatismo que nos esperaba. Y no fue una promesa vacía. Al entrar al escenario, Sabina apareció envuelta en una túnica negra para interpretar “La Llorona”, la icónica canción asociada a Chavela Vargas, con ese primer momento comenzó un viaje por distintas facetas de una artista que, además de cantante, demostró su experiencia como actriz y performer.


Lo que siguió fue una presentación inmersiva en la que el ítalo-disco, el europop y la electrónica se encontraron con el teatro, la actuación y una puesta en escena cuidadosamente construida. Una experiencia sorprendente, divertida, sensual y, sobre todo, genuina.


De la melancolía al electropop

La transformación fue prácticamente inmediata. Después de comenzar con la intensidad de “La Llorona”, Sabina se sentó frente al piano para interpretar “Tu mujer”, una pieza perteneciente a su álbum Amore (2020). El ambiente se volvió más íntimo y nos permitió apreciar otra de las facetas de la artista. Pero “Spumante Rosé” no permanece demasiado tiempo en un solo lugar. El cambio de vestuario marcó también un cambio de energía. La túnica negra quedó atrás para dar paso a un corsé azul, pantalón negro y tacones azules, acompañados por elegantes guantes del mismo color y una fabulosa y coqueta peluca color rosa. Entonces llegó una versión electropop de “Amore”, en la que Sabina comenzó a bailar alegremente por el escenario. Fue como si hubiéramos presenciado el nacimiento de un nuevo personaje y esa dinámica se mantuvo durante toda la presentación.


Cada canción, una nueva Sabina

De los singles que se desprenden de su álbum "Spumante Rosé" nos interpretó  canciones como “Tus ojos”, “Pretexto espiritual”, “Blu Blu” y “Hola, qué tal”  nos brindaron beats y ritmos pop, la ítalo-chilena nos brindó una propuesta visual con efectos de luces, un audio impecable que ayudaba a que cada canción tuviera su propio universo. Además, la artista aprovechó todos los elementos disponibles en el escenario: un sintetizador, un piano, una guitarra eléctrica y hasta tres micrófonos, que utilizaba mientras se desplazaba y bailaba por el escenario. Pero quizá uno de los elementos más divertidos fue una maleta que contenía los distintos atuendos y accesorios que utilizaría durante la noche,  lo cual creaba curiosidad entre los asistentes porque cada interpretación fue sorprendente. No se trataba simplemente de cambiar de ropa entre canciones: cada atuendo parecía representar una personalidad, una energía y una etapa diferente dentro del espectáculo. Canción tras canción, la maleta se convertía en una especie de caja de transformación mágica.


Del folklore al electropop 

“Spumante Rosé” tiene la capacidad de cambiar de atmósfera sin perder el hilo.

Pasamos del folklore con canciones de álbumes previos  a la electrónica y los destellos de energía con el nuevo álbum, del disco a las baladas y de momentos íntimos a canciones que parecían pedir directamente una pista de baile.

Esa diversidad fue una de las grandes fortalezas de la presentación. Nunca sentimos que el espectáculo se quedara estático. Cuando parecía que ya habíamos descubierto una faceta de Sabina, aparecía otra. Y entonces llegó “Quise ser tu amante”.


“Quise ser tu amante”: el momento que nos erizó la piel

En lo personal, este fue uno de los momentos que más me marcó de toda la presentación. Sabina tomó la guitarra eléctrica y, cubriéndose el rostro con una mascada, construyó una atmósfera completamente distinta. Sólo su dulce voz, una guitarra, fue un momento perfecto.


La interpretación fue melancólica, sensual y profundamente íntima.

Por unos instantes, todo el despliegue teatral pareció desaparecer y quedamos frente a una artista entregada por completo a la canción. La manera en que utilizó la guitarra, la expresión corporal y ese rostro parcialmente cubierto consiguieron crear uno de los momentos más emotivos de la noche.

Me erizó la piel y sí, estuvo muy cerca de hacerme llorar. Pero esa es precisamente la magia de la gira “Spumante Rosé”: cuando todavía estamos procesando una emoción, el espectáculo vuelve a cambiar de dirección y nos lleva nuevamente hacia la música perfecta para bailar en un club nocturno.


Una puesta en escena que también se escucha

El encanto de Sabina Odone no estaría completo sin reconocer el trabajo detrás del escenario. El equipo de audio y luces fue fundamental para construir una atmósfera teatral y envolvente. Cada cambio de energía encontró su correspondiente espacio sonoro y visual, permitiendo que el espectáculo mantuviera una identidad clara durante toda la presentación. Todo parecía estar pensado para que la música, el vestuario, las luces, los objetos y el movimiento de Sabina formaran parte de una misma narrativa. Y eso se nota.


Se nota el tiempo, el trabajo y la dedicación que la artista ha invertido en desarrollar “Spumante Rosé” como espectaculo. No parece una idea improvisada para llevar algunas canciones al escenario. Se siente como un concepto que ha ido creciendo y encontrando su propia personalidad.


El público pidió una canción más

Cuando la presentación llegó a su final, el público no parecía tener demasiadas ganas de que terminara. Los aplausos comenzaron a crecer hasta convertirse en una petición bastante clara: queríamos una canción más. Sabina respondió con los ojos brillantes y esa voz dulce que había sido una de las constantes de la noche. Y así, con una última dosis de energía y emoción, terminó una presentación que nos dejó con una sensación muy particular: la de haber asistido a algo que no solamente escuchamos, sino que sentimos y como ella misma nos dijo: "la vida es así, con variantes, con cambios, con distintas emociones". 


Queremos más de “Spumante Rosé”

Actualmente, Sabina Odone nos ha ido entregando distintos singles que forman parte de este universo de “Spumante Rosé”, y después de vivir el espectáculo completo nos queda una petición muy sencilla: Necesitamos Spumante Rosé en formato físico.


Porque hay algo especialmente atractivo en escuchar estas canciones después de haberlas visto cobrar vida sobre un escenario, ver su presentación solo generó las ganas de poder escuchar su música desde una colección personal, me cautivó e inspiró mucho. “Spumante Rosé” funciona como música, pero también como personaje, como teatro y como experiencia.


Es un show que puede ser divertido y sensual; que puede llevarnos al baile y, unos minutos después, colocarnos frente a una interpretación capaz de tocarnos emocionalmente. Nos hipnotiza, nos inspira, nos regenera y, sobre todo, nos deja con ganas de seguir descubriendo qué viene después.


Una noche para dejarse llevar

Si algo nos llevamos del Estudio Diana es la certeza de que Sabina Odone está construyendo una propuesta en vivo genuina y con identidad propia.


“Spumante Rosé” no intenta ser únicamente un concierto. Es un espectáculo que juega con los códigos del pop, la electrónica, el ítalo-disco, el europop, el teatro y el performance para crear algo que se siente personal.

Por eso nuestra recomendación es sencilla: escuchen a Sabina Odone, descubran sus canciones y, si bríndense la oportunidad de presenciar “Spumante Rosé” en vivo.


La próxima presentación será el 15 de octubre en el Centro Cultural y Académico Teatro Casa de la Paz, en Ciudad de México. Vayan preparados para bailar, sorprenderse, envolverse en sus melodías pop y  emocionarse.


Nosotros salimos del Estudio Diana con una sonrisa, muy buen ánimo y la sensación de haber presenciado una de esas presentaciones que vale la pena recomendar...esto aplica con “Spumante Rosé”. 


Agradecemos a Sabina Odone por su sensacional show.



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