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RUBIO

9 de mayo de 2026

La noche del 9 de mayo en Cuerda Cultura no fue un concierto cualquiera. Fue una especie de viaje emocional entre sintetizadores envolventes, percusiones intensas y momentos donde el silencio pesaba tanto como el ruido. RUBIO regresó a Guadalajara con un show que se sintió íntimo y gigantesco al mismo tiempo.


Antes de que el escenario explotara en atmósferas electrónicas y texturas oscuras, la encargada de abrir la noche fue DEN, quien preparó el terreno con una presentación que conectó rápido con el público. Su set ayudó a crear esa vibra de expectativa que terminó detonando apenas las luces bajaron para recibir a RUBIO.


Desde los primeros minutos con “Me Asusta tanto la soledad”, el venue quedó atrapado en una tensión constante entre lo vulnerable y lo explosivo. Temas como “Kintsugi”, “Lo Que No Hablas” y “Yugen” fueron creciendo poco a poco entre visuales minimalistas, bajos profundos y una interpretación completamente física por parte de Francisca Straube, quien domina el escenario con una intensidad que se siente muy natural, nada forzada.


Uno de los momentos más pesados emocionalmente llegó con “Después de Ahogarme” y “Voy Creciendo”, canciones donde el público prácticamente dejó de grabar para simplemente quedarse viendo y sintiendo el momento. Ahí es donde RUBIO tiene algo distinto: no busca únicamente hacer bailar o impresionar visualmente, también sabe crear espacios donde todo se siente suspendido.


La recta media del show mantuvo la energía arriba con “Difícil Lo Sencillo”, “Lo Que No Se Ve” y “Nuestra Canción”, mientras que “Silencio” bajó las revoluciones para darle al concierto un respiro cargado de tensión emocional. Después vino uno de los bloques más celebrados de la noche con “Buena Suerte Muchacha”, “Compañera” y “Hacia El Fondo”, donde las percusiones electrónicas y los cambios de intensidad hicieron vibrar literalmente el recinto.


Ya hacia el cierre, “La Especie”, “Cosmo”, “Montaña rusa” y “Seres Invisibles” terminaron de convertir el concierto en una experiencia casi ritualista. El público respondió con una conexión total, entre aplausos largos, gritos y esa sensación de no querer salir todavía del mood que había construido el show.


RUBIO sigue siendo uno de los proyectos más interesantes y arriesgados de la escena latinoamericana actual. Su mezcla de electrónica, art pop, ambient y tensión emocional logra algo complicado: sonar experimental sin desconectarse de la gente.


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