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VANS WARPED TOUR MÉXICO: CUANDO EL SUEÑO FINALMENTE LLEGÓ

19 de septiembre de 2026

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Para una generación que creció escuchando estas bandas, el Vans Warped Tour fue durante años un festival que parecía existir en otro lugar. Su primera edición en México convirtió esa espera en una experiencia que mezcló nostalgia, música, cansancio y, para muchos, la sensación de haber cumplido una deuda pendiente con su yo adolescente.


Durante años, el Vans Warped Tour fue uno de esos festivales que muchos mexicanos conocieron a la distancia. Fotografías, videos, revistas, discos y las historias de quienes habían tenido la oportunidad de asistir alimentaron la imaginación de una generación que creció escuchando punk rock, pop punk, emo, hardcore y metalcore. Para muchos, asistir a una edición del Warped Tour parecía algo que implicaba viajar a otro país. Hasta que llegó México.


La primera edición del Vans Warped Tour en territorio mexicano no solo reunió a una importante cantidad de bandas nacionales e internacionales; también reunió a una generación que llegó al festival con años de música a cuestas y con la posibilidad de finalmente vivir algo que durante mucho tiempo había parecido lejano.


Para conocer qué significó realmente estar ahí, hablamos con algunos de los asistentes. Y aunque cada experiencia fue diferente, hubo algo que apareció una y otra vez: la sensación de que, por unas horas, la edad, el trabajo, los hijos y las responsabilidades podían quedar en pausa.


“No me la creía que estuviera ahí”

Las expectativas eran altas, pero para algunos asistentes incluso era difícil imaginar cómo sería realmente tener el Warped Tour en México.


Daniel Funckers reconoce que el festival superó sus expectativas “por miles”.


“Me la creía que estuviera ahí, aunque de tanta emoción a veces me bloqueaba de qué hacer o a dónde ir”, cuenta.

Para él, una de las grandes sorpresas fue la energía que se generó entre las bandas y el público. Los mosh pits, los Wall of Death y la interacción constante hicieron que la experiencia se sintiera como una celebración colectiva.


“Todas las bandas motivando a un pit, Wall of Death o ellos se aventaban hacia el público. 10/10”, recuerda.

Belgio Amaya también percibió esa emoción desde semanas antes. Asegura que en Ciudad de México comenzó a sentirse una especie de fiebre alrededor del festival, acompañada por ese miedo de perderse un acontecimiento que muchos habían esperado durante años.


Para él, la primera edición fue una apuesta importante por reunir géneros que tuvieron algunos de sus momentos más importantes hace 10, 20 o incluso 30 años. Y el resultado, asegura, superó parte de sus expectativas.


“Fue una misión cumplida”, resume.

Cuando las canciones de la adolescencia volvieron a sonar en vivo


Quizá una de las particularidades de esta edición fue la edad de buena parte del público. No se trataba únicamente de jóvenes descubriendo nuevas bandas. Muchos de los asistentes habían escuchado esas canciones durante su adolescencia y juventud y ahora llegaban al festival con varios años más encima. Trabajo, hijos, responsabilidades, cuentas por pagar y una vida completamente diferente a aquella en la que descubrieron a sus bandas favoritas. Pero la música seguía ahí.


Ademar Correa explica que, aunque ya había tenido oportunidad de escuchar algunas de esas bandas en vivo, hubo algo especial en volver a encontrarlas después de tantos años.


“Siempre ver a tus bandas será muy emocionante, más si han pasado muchos años para que volviera a suceder. Fue un gran momento revivir esos tiempos”, comparte.

Para Belgio, la experiencia tuvo incluso un significado más personal: poder tachar más de 25 bandas de una lista que había construido durante años.


“Muchas de esas bandas han permanecido en mi playlist más de la mitad de mi vida”, explica.

Y por eso, estar frente a ellas no fue simplemente asistir a un festival. Fue cumplir una misión pendiente.


“Creo que uno nunca deja de ser chavito”

La pregunta parecía sencilla: ¿qué se siente volver a ser ese adolescente que escuchaba estas bandas? Las respuestas coincidieron en algo. Quizá ese adolescente nunca se fue. Daniel, quien se define como “team papá”, lo resume de una manera sencilla: “Creo que uno nunca deja de ser chavito.”


Para él, ver a las bandas que han formado parte de diferentes etapas de su vida sobre escenarios enormes produjo una sensación difícil de explicar. Incluso compartir una canción con su esposa se convirtió en uno de sus momentos especiales del festival. Belgio lo describe de una manera más irreverente.


“El Belgio de ayer, hoy y mañana está totalmente feliz de haber presenciado un momento histórico dentro del punk rock mexicano”, dice.

Después de 12 horas de música, caminar y permanecer de pie, la realidad comenzó a regresar poco a poco.


“Me gustaría ser más un chavito después del festival que antes y regresar cantando ‘Responsibility, what’s that?’ de MXPX y tirarme a dormir tres días”, bromea.

Pero la vida adulta espera. “Hay que enfrentar la realidad, pagar las cuentas y prepararse para los siguientes festivales.” Tal vez esa sea una de las particularidades de crecer: poder regresar por unas horas a la persona que fuimos sin dejar de ser quienes somos ahora.


Bro Hymn, lluvia y canciones que hicieron llorar


Si hubo una canción que apareció más de una vez entre las experiencias de los entrevistados fue “Bro Hymn”, de Pennywise.

Para Belgio, escuchar a miles de personas coreándola fue una de las imágenes más impactantes de todo el festival.

“La cantidad de gente coreando ‘Bro Hymn’ de Pennywise fue una locura total”, recuerda.

Ademar también eligió ese momento como uno de los más memorables. Era una canción que nunca había tenido oportunidad de escuchar en vivo y describe lo ocurrido como “épico”.


Daniel también la colocó en el primer lugar de sus momentos musicales favoritos, especialmente por el círculo que se formó durante la canción.


Pero no fue la única canción capaz de provocar emociones. Daniel también recuerda “Rose Tattoo”, de Dropkick Murphys, y “My Only One”, de Yellowcard, esta última con un significado todavía más especial porque pudo cantarla junto a su esposa.


Para Belgio, las emociones llegaron con distintos momentos de la escena nacional. La presentación de 13 Anclas le produjo una alegría especial, mientras que la última presentación de Tungas llegó acompañada de un par de lágrimas. Y después estuvo Pennywise. Otra vez, “Bro Hymn”.


Cuando la lluvia hizo que todo pareciera una película


Para Chester Samuel, elegir una sola banda o canción resulta prácticamente imposible. Había visto anteriormente a algunas de las agrupaciones del cartel, pero volver a encontrarlas en un escenario de esa magnitud y con un público tan numeroso convirtió la experiencia en algo completamente diferente. Menciona a Insite, Thermo, Emery, Escape the Fate, Alexisonfire y Dallas Green entre los momentos que más lo marcaron. Pero hay una imagen que recuerda especialmente: Insite tocando mientras comenzaba a llover y los relámpagos aparecían detrás del escenario. Ver a tanta gente apoyando a la banda en ese momento, cuenta, fue “mágico y mítico”.


Con Emery llegaron algunas lágrimas. Y con Thermo, la emoción fue todavía más profunda. Durante la última canción, los visuales mostraron a bandas hermanas y agrupaciones con las que Thermo había compartido escenarios a lo largo de los años.


Para Chester, aquello significó mirar de frente una parte de la historia de la escena musical que también había vivido. Recordó los años en que esas bandas tocaban en bares pequeños y escenarios improvisados, mucho antes de encontrarse frente a una multitud de las dimensiones del Warped Tour.


“Thermo siempre marcando una diferencia y dándole algo de protesta al poder de la música y los escenarios”, reflexiona.

Y entonces, otra vez, apareció aquella sensación de estar viviendo algo que durante años parecía imposible. “Sin duda esto fue histórico.”


También hubo cansancio, precios y realidad


No todo fueron lágrimas, nostalgia y canciones. Doce horas de festival también significan hambre, cansancio, caminar y enfrentarse a los precios de comida y bebida. Belgio no se guardó su opinión al respecto y calificó de excesivos algunos de los precios encontrados dentro del festival. Menciona, entre otros ejemplos, una Maruchan de 80 pesos y una hamburguesa de 200. Pero incluso con las áreas de oportunidad que algunos asistentes encontraron, hubo algo que terminó pesando más: la energía de la gente.


Para Belgio, uno de los mayores motivos de respeto fue precisamente el aguante del público, capaz de mantenerse durante prácticamente toda la jornada disfrutando de las bandas. Y quizá esa resistencia también dice algo de quienes asistieron. Porque para muchos no era simplemente otro concierto.Habían esperado años.


Una primera edición que dejó algo más que música


La primera edición del Vans Warped Tour México puede analizarse desde muchas perspectivas: el cartel, la producción, la respuesta del público, las áreas que todavía pueden mejorar y la experiencia de quienes estuvieron presentes. Pero detrás de todo eso existe otra historia. La de las personas que alguna vez fueron adolescentes y descubrieron estas bandas en una etapa completamente distinta de sus vidas. La de quienes crecieron escuchando canciones que terminaron acompañando rupturas, amistades, viajes, fiestas, momentos difíciles y etapas que ya quedaron atrás. La de quienes alguna vez vieron el Warped Tour en fotografías y pensaron que algún día sería increíble poder vivirlo. Y finalmente pudieron hacerlo.


Quizá crecer no significa dejar atrás al adolescente que fuimos. Quizá significa aprender a llevarlo con nosotros mientras llegan el trabajo, los hijos, las responsabilidades y las cuentas por pagar. Por unas horas, entre guitarras, lluvia, mosh pits, escenarios enormes y canciones que llevan décadas acompañándolos, esa generación pudo volver a encontrarse con él. Y cuando llegó el momento de regresar a casa, cansados y probablemente con las piernas pidiendo vacaciones, quedó algo más que una fotografía. Quedó la certeza de haber estado ahí. El sueño, finalmente, había llegado.


Agradecimientos


Un agradecimiento especial a Belgio Amaya, Ademar Correa, Chester Samuel y Daniel Funckers por compartir sus experiencias, recuerdos y emociones alrededor de esta primera edición del Vans Warped Tour México.


Gracias por abrirnos un espacio entre la música, la emoción y el cansancio para contarnos qué significó, desde el público, vivir un festival que durante tantos años pareció un sueño lejano.


Sus historias son parte de esta memoria colectiva de una generación que, por un día, volvió a sentirse adolescente frente a los escenarios.

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