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"THE MOUNTAIN" DE GORILLAZ: UN VIAJE SONORO ENTRE EL DUELO Y EL RENACIMIENTO.

"THE MOUNTAIN" DE GORILLAZ: UN VIAJE SONORO ENTRE EL DUELO Y EL RENACIMIENTO.

4 de marzo de 2026

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Escuchar "The Mountain" de Gorillaz no fue simplemente ponerle play a un nuevo disco; para mí fue aceptar una invitación a subir una montaña emocional que no sabía que necesitaba escalar. Desde el primer momento entendí que no estaba frente a una colección de canciones sueltas, sino ante una obra conceptual que habla de vida, muerte, duelo y renacimiento como si fueran estaciones inevitables del mismo viaje.


Lanzado el 27 de febrero de 2026 bajo el sello Kong y distribuido por The Orchard, este noveno álbum de estudio se siente global en todos los sentidos. Saber que fue grabado entre India, Europa, Medio Oriente y Estados Unidos no es un simple dato técnico: se escucha. Se percibe en cada textura, en cada idioma, en cada instrumento tradicional que aparece y transforma la atmósfera.


Lo más poderoso es que este disco nace desde experiencias personales muy reales de Damon Albarn y Jamie Hewlett. Las pérdidas cercanas que enfrentaron y los viajes a la India, junto con su acercamiento a tradiciones espirituales sobre la trascendencia, se sienten como el corazón del proyecto. "The Mountain" no aborda el duelo desde la oscuridad absoluta, sino desde una meditación que abraza tanto la tristeza como la celebración de la vida. Y eso lo vuelve profundamente humano.


Musicalmente, el álbum mantiene esa identidad ecléctica que siempre ha definido a Gorillaz, pero aquí la siento más cohesionada. La electrónica expansiva convive con sitar, bansuri, sarod y tabla; el hip-hop se mezcla con post-punk, pop psicodélico y world music. Hay canciones en inglés, árabe, hindi, español y yoruba. Es un collage cultural que no se siente forzado, sino orgánico, como si cada elemento fuera un paso más en la ascensión.


El tema que abre el disco, “The Mountain”, establece desde el inicio ese tono espiritual con una fusión de instrumentos tradicionales y voces invitadas que marcan el comienzo del ascenso. “The Moon Cave” me resulta más introspectiva, más íntima, como ese momento en la subida donde uno se queda a solas con sus pensamientos. “The Happy Dictator” me parece brillante en su ironía: melodías luminosas que esconden una crítica social fuerte sobre el poder y la ignorancia voluntaria. En contraste, “The Hardest Thing”, con la participación de Tony Allen, es directa y emocional; es la aceptación de que despedirse de alguien que amas puede ser lo más difícil de todo el viaje. “Orange County” representa ese lado más contemporáneo y accesible del disco, pero sin perder profundidad. “The Manifesto” funciona como una declaración extensa de renovación, uniendo rap con tradición sonora de forma casi ceremonial. Y “Damascus” suma influencias del Medio Oriente con hip-hop, ampliando el paisaje narrativo de esta travesía.


Canciones como "The Plastic Guru", "The God of Lying" y "The Sweet Prince" siguen alimentando esta reflexión sobre identidad, verdad y condición humana. Cada una aporta una perspectiva distinta dentro del mismo recorrido metafórico: la montaña no es solo un lugar físico imaginario, es un estado interno.


Si algo puedo destacar de este nuevo álbum son las grandes colaboraciones musicales que tiene, cada artista se siente como una parada distinta en esa montaña emocional que propone el disco. La presencia de Anoushka Shankar y de los hermanos Amaan Ali Bangash y Ayaan Ali Bangash le da al álbum una raíz espiritual muy clara; no es un guiño superficial a la música india, es parte del ADN del sonido. En contraste, colaboraciones como Sparks en “The Happy Dictator” aportan ironía y teatralidad, haciendo que la crítica social suene elegante pero incómoda. Me pega especialmente lo que representa Tony Allen en “The Hardest Thing”: su participación se siente como memoria viva, como si el ritmo mismo hablara de despedida. Luego, artistas como Bizarrap le dan actualidad y pulso urbano a “Orange County”, mientras que IDLES irrumpen con una energía más cruda y confrontativa. Lo que más me mueve es el uso de voces de figuras que ya no están, como Dennis Hopper, Bobby Womack y por supuesto Tony Allen. No lo siento como nostalgia, sino como continuidad: el álbum habla de pérdida, pero también de lo que permanece. Y justo ahí es donde las colaboraciones dejan de ser invitados especiales y se vuelven parte esencial de la narrativa.


Si me lo preguntan: "The Mountain" no es un álbum que se pueda consumir de forma aislada o casual. Necesita escucharse completo, de principio a fin, para entender cómo cada pieza construye la narrativa general. Es un proyecto ambicioso, cohesivo y profundamente emocional dentro de la discografía de Gorillaz. Más que un disco, lo siento como una experiencia: una subida exigente, sí, pero también reveladora. Una montaña musical que me recuerda que el duelo y la transformación no son finales, sino parte inevitable del camino.


10/10


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