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JOSÉ MADERO ABRE UNA NUEVA CARTA CON ‘QUERIDO…’

4 de septiembre de 2026

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Un disco donde la intimidad, la teatralidad y el rock conviven en uno de los capítulos más personales de su carrera.


Hay artistas que anuncian un disco con meses de anticipación, sencillos, entrevistas y adelantos. José Madero decidió hacer lo contrario. Primero dejó una portada, un título y una fecha flotando en el aire; después llegaron las pistas y, finalmente, las 13 canciones de Querido…. El misterio terminó, pero la historia apenas comienza cuando el álbum entra en los audífonos.


Desde sus primeros minutos, Querido… deja claro que Madero no está buscando repetir una fórmula. El álbum se mueve entre la balada, el rock, el punk y momentos de corte más clásico, construyendo una colección de canciones que tienen como punto de encuentro la emocionalidad. Hay vulnerabilidad, dramatismo, melancolía y también cierta teatralidad que se ha convertido en una de las características más reconocibles de su propuesta solista.


Uno de los elementos que más llaman la atención es el regreso de Adrián “Rojo” Treviño a la producción. La reunión recupera parte de esa energía visceral asociada a una etapa importante en la trayectoria de Madero, pero sin convertir Querido… en un viaje nostálgico. El sonido mira hacia atrás en algunos momentos, sí, pero el álbum se siente construido desde el presente. Y ahí está uno de sus mayores aciertos: Madero no parece tener interés en demostrar que puede hacer una sola cosa bien.

El disco puede pasar de una canción cargada de guitarras y actitud punk a un momento mucho más contenido, donde los arreglos dejan espacio para que la voz y la letra respiren. Las canciones acústicas y la presencia de cuerdas —incluido el cello— amplían el rango sonoro del álbum y funcionan como pequeños cambios de escenario dentro de la misma historia.


“Arrópame” es quizá uno de los ejemplos más claros de esta búsqueda. Aquí Madero se aleja del registro rockero para acercarse al estilo crooner, utilizando la voz como un recurso expresivo distinto. No se trata únicamente de cambiar la manera de cantar, sino de adoptar otra personalidad para la canción y darle un peso diferente dentro del recorrido del disco.


También resulta interesante la decisión de mantener el álbum libre de colaboraciones. En una época donde los feats pueden convertirse prácticamente en una estrategia obligatoria para cualquier lanzamiento, Querido… apuesta por lo contrario: José Madero solo frente a sus propias canciones.


Esa decisión refuerza la sensación de intimidad que atraviesa el material. El concepto del álbum, además, está ligado a una estética epistolar y medieval que sirve como marco para sus canciones. Pero más allá del concepto visual, lo importante es cómo esa idea termina funcionando como una extensión de su manera de escribir: cartas que no necesariamente buscan respuestas, sino poner sobre la mesa emociones que muchas veces preferimos mantener guardadas.


El color verde, asociado a esta etapa dentro de la tradición cromática de sus discos, acompaña justamente esa idea de intimidad y vulnerabilidad. Y aunque estos elementos podrían quedarse simplemente en lo visual, en Querido… ayudan a construir una identidad alrededor del álbum y a entenderlo como una obra completa, más allá de una colección de sencillos.

Después de varios años de carrera solista, Madero parece estar en un punto donde ya no necesita explicar demasiado lo que hace. Puede experimentar con géneros, registros vocales y arreglos sin perder aquello que hace reconocible su música: esa capacidad de convertir conflictos emocionales en canciones que pueden sentirse personales incluso cuando no conocemos la historia detrás de ellas.


Querido… no busca ser un disco inmediato en todos sus momentos. Hay canciones que golpean desde la primera escucha y otras que probablemente necesiten más tiempo para revelar sus detalles. Y eso, lejos de jugar en su contra, termina siendo parte de la experiencia.


Porque este es un álbum que pide escucharse completo.


Más que perseguir un gran sencillo que resuma todo lo que José Madero quiere decir, Querido… construye su identidad a través del contraste: guitarras frente a cuerdas, energía frente a calma, rock frente a crooner, vulnerabilidad frente a teatralidad.

Después del misterio que acompañó su anuncio, finalmente podemos abrir la carta. Y quizá esa sea la mejor manera de acercarse a Querido…: sin intentar descifrarlo todo desde el principio y dejando que sus 13 canciones hagan lo suyo.


José Madero vuelve a poner sus emociones sobre la mesa. Esta vez, vienen en un sobre verde. "Querido..." ya se encuentra disponible en plataformas digitales.






8/10

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