top of page
DIOS PERRO Y LA RESISTENCIA DEL RUIDO EXTREMO EN GUADALAJARA.

DIOS PERRO Y LA RESISTENCIA DEL RUIDO EXTREMO EN GUADALAJARA.

20 de mayo de 2026

by

El pasado 15 de mayo, el Anexo Independencia fue consumido por una de esas noches donde el metal extremo deja de sentirse como espectáculo y se transforma en descarga colectiva.

 

El cartel fue encabezado por Hellripper, proyecto escocés de black/speed metal contemporáneo y reciente acto abridor de Speedwolf. El escenario fue abierto por Speedfreak y Dios Perro, dos proyectos que terminaron por convertir la noche en una representación cruda del ruido extremo hecho desde Guadalajara.

 

Orgullosos de cargar a Oblatos como identidad, credencial y territorio, Dios Perro convirtió el escenario en un ritual sonoro incómodo y deliberadamente hostil. Desde la construcción atmosférica de la introducción —con mantras, frecuencias extremadamente graves y elementos ajenos al imaginario occidental dominante— la banda dejó claro que su intención era confrontar símbolos, romper estructuras y tensar el ambiente hasta volverlo corporal.

 

El rojo permanente de las luces bañaba el escenario con una frialdad quirúrgica, parecía menos un foro underground y más un ceremonial construido alrededor del ruido y el horror corporal.

 

La banda descargó llamados como "Destruyendo el orden", "Hedor muerto", "Sumiso detestable" y uno de mis favoritos personales, "ODIVM II", composiciones que funcionan como detonantes de rabia y confrontación colectiva. La respuesta del público fue más cercana a una consigna callejera: los coros regresaban convertidos en gritos de tensión acumulada y una sensación constante de choque contra todo aquello que la banda entiende como impuesto.

 

Lejos de caer en una provocación vacía, Dios Perro sostiene ese discurso desde la experiencia. Integrada por músicos veteranos de la escena extrema tapatía, la banda demuestra una ejecución segura y plenamente consciente de sí misma. Su reciente EP "Dios perro / No Grata Split" con No Grata deja ver una etapa más madura: grindcore tradicional llevado desde una composición sólida, una producción agresiva y contemporánea, y una propuesta que no necesita suavizarse, en medio de la distorsión, los cambios abruptos y el caos sonoro, el grindcore termina sintiéndose como jazz ruidoso: impredecible, visceral y construido desde la tensión constante entre el desorden y la precisión.

 

En una noche de magnitud internacional, dominada por la velocidad extrema y ruido abrasivo, Dios Perro logró recordarle a Guadalajara que parte de su identidad underground sigue naciendo desde la periferia, la resistencia urbana y el ruido entendido como confrontación cultural, haciendo una invitación a la escena local para  continuar con el legado revolucionario e irreverente del metal mexicano.





Lo último

bottom of page